un escenario en permanente búsqueda para recordar, para crecer, para soñar, para compartir y para seguir...

noviembre 12, 2008

De la certeza a las sin certezas


Lo más importante es poner el corazón en el camino. La propia certeza ¡sin certeza! es la que cuenta…

Creemos vivir en la estática de un mundo inamovible poblado de horarios, acontecimientos y rutinas. Como en una burla sarcástica a la idea del eterno retorno, pero infortunadamente no en el eterno retorno del trascendental postulado filosófico, sino en uno inundado de tedio que nos sumerge de manera pasmosa en algo que erróneamente suele confundirse con tranquilidad.

De repente todo se mueve y en sólo tres segundos uno se da cuenta de que algo ha cambiado de manera contundente y tal vez para siempre. El ser que sentimos dentro se agita de manera feroz y como si descubriésemos la rueda nos asombramos del mundo que se abre ante nuestros ojos. Se mueve nuestro punto de encaje y aunque es algo que nos maravilla, nos excita y nos emociona en sumo grado, luchamos hasta la muerte por acallarlo, por responder con inercia y volver a nuestro destino normal.

Nada es igual y se pierde el camino. Como si se hubiese dado vueltas en lo profundo de un bosque con un sol de medio día en el único claro de la espesura. Estás ahí parado y tu vida se detiene, se suspende... Tu emoción al tope de la incertidumbre, respira congelada e incierta… Te suceden días, noches, horas, minutos, segundos y toda una eternidad de divagación. Dos segundos son ahora toda una vida.

Vuelves una y otra vez, tu memoria repasa tus sentimientos, tus pensamientos, tus anhelos, tus expectativas y sin darte cuenta descubres que incluso eso que en este momento derrumba tus paredes no importa en absoluto.

Parece definitivo el hecho de que algo te ha cambiado. Ya no importan tu pasado o tu futuro. Quién crees ser o quién quisieras ser. Sabes que en el fondo sólo importa esta sensación imparable de rebotar y reventar. Te concentras en cada sensación y te dedicas a descubrir una a una las células de tu cuerpo que se expanden, estallan y se transforman. La epifanía invade cada palmo de tus sentidos y te encuentras en un laberinto de incertidumbre del que además no quieres escapar, pero en el que sientes la adrenalina de sentirte atrapado.

Al principio lo ignoras y aunque sabes que está allí, tratas de jugar en el fuego vivo de la seducción sin quemarte. Te das cuenta de que estás ardiendo en llamas y tú eres la llama. Te resistes en una fiera batalla. Desistes de luchar por entregarte y ardes en el tormento de tu sin certeza.

Poco a poco ella se vuelve tu mejor amiga, la acoges y te vuelves una sola con ella. Te das cuenta de que te cobija y que las dos ahora son una sola carne. Ella habita en ti y tú la habitas a ella en ese segundo para siempre... Para siempre en un segundo.

octubre 09, 2008

Crónica de un recorrido personal


Siempre había pensado que los temas concernientes a religión, género (léase lucha machismo vs feminismo) o discriminaciones (de cualquier tipo), entre otros, que pudiesen resultar “espinosos” para muchas personas, no eran sustancialmente importantes para mí. Tanto más, por muchos años me sentí orgullosa de recitar que aquello era una elección personal que en la mayoría de casos representaban un panorama “sesgado de las cosas”. Intentaba creer que esos asuntos poco tenían que ver conmigo y a simple vista no había manera de percibir en mí una afectación por ellos.

Sin embargo eso cambió luego de una conversación donde a partir de experiencias puntuales se evidenciaban ciertas confrontaciones. Allí, alentada por la explosión de pareceres, experimenté un reencuentro personal que de manera socarrona me enfrentó a temas que hasta el momento yo consideraba no eran parte importante de mi identidad.

Debo reconocer que dicha experiencia me acercó con una triste claridad a la manera como en mi propio ser, sin saberlo, llevo la huella de una “cultura” que me ha sido heredada y que traspasa muchos más significados de los que yo pueda ser del todo consciente. A partir de de allí redescubrí en mi subjetividad habitantes ocultos y arraigados en cada célula de mi corporalidad. Habitantes insospechados y difíciles de desalojar. Habitantes que pueden traer consigo múltiples historias de represión, sesgo, maltrato, anulación o subyugación, en mi humanidad y en la humanidad de otros.

A partir de allí me hice la pregunta por mi identidad, por mi subjetividad, por mi entorno, por mi cuerpo; especialmente por ese polémico “objeto” de carne y hueso. Ese único e inalienable pedazo de propiedad que en un diálogo surrealista únicamente me atañe a mí.

Recordé la manera de concebirlo. Las historias de un pasado cercano que me remontaron a mi infancia y a esas primeras implicaciones de la diferenciación de ser niña y no niño y con ello las implicaciones expresadas en los juegos a los que tenía derecho: la ropa que debía vestir, las actitudes que debía cultivar, los amigos con los que podía intimar, la raza en la que me debía inscribir, la clase social, la historia familiar, y en fin, todas aquellas creencias que portaban consigo un legado o tradición cultural que sin que yo pudiera decidirlo conscientemente, influyeron para que me inscribiera a lo largo de mi vida en causas desconocidas para quienes me legaban y para mí.

Durante mi adolescencia a mi inconsciente concepto de corporalidad debí sumarle la pregunta por el cambio, por el atractivo, por la insatisfacción, por la rebeldía, por la inclinación sexual, por la moda, por los gustos, por la sensibilidad, la emotividad, la camaradería y todo aquello que pudiera darme pistas sobre una “identidad propia” que fuese distinta a la portada hasta dicho momento de mi vida. Allí pude ubicar endebles y fantasmales conciencias de “identidad de género”, “identidad sexual”, “identidad adolescente - prejuvenil”, “identidad musical- cultural”. En suma, algo más acorde o parecido a una “identidad X”.

Superada la etapa adolescente creí descubrir la necesidad inherente de experimentar cambios que fueran más allá de mi cuerpo y de mi pensamiento. Allí junto a mis amigos y compañeros de estudio sostuvimos en algunas ocasiones incipientes y/o acalorados debates sobre las maneras de apostarle a un mundo distinto, la necesidad de hallar un mundo renovado que fuese capaz de motivarnos y contener todo aquello que nosotros sentíamos como necesidad: arte, cultura, educación, igualdad, justicia, libertad, felicidad, un poco más de todo... Un debate soñando e iniciado por muchos inmortalizado tal vez en Woodstock de 1969.

Ahora que la sociedad dice que soy una adulta joven y que me veo intentando descubrir aquellos “habitantes insospechados” en mí, me encuentro con las preguntas acerca de un conocimiento más profundo, una economía más estable, una sana relación laboral, una verdadera independencia y autonomía, una sólida relación de pareja, una familia cálida y amorosa (buscada en esa familia de origen, en esa familia política y tal vez esa familia propia).

Aquí es dónde la vida parece resolverse, tal vez porque las metas ya no hacen parte del mundo de las ideas sino que entran a hacer parte de la materialidad (tan necesaria en nuestros tiempos). La perspectiva de alcanzar una vida feliz: buen trabajo, postgrado, viajes vacacionales, adquisición de ciertas propiedades, una vida en familia, una vida tranquila. Para muchos quizás esta es la mejor de las etapas, el juicio y prejuicio de que se tiene una conciencia madura. Una persona centrada y confiable.

Sin embargo en este somero recorrido la experiencia me dice de manera irónica que mis inquietudes y necesidades no han sido resueltas, que mis deseos de un mundo renovado, amable, grato y novedoso no pueden ir más allá de una incipiente sociedad de consumo que juega con los valores y la moral de todos. Una sociedad que segundo a segundo ofrece vendernos esa felicidad anhelada desde los primeros años.

De manera soterrada encuentro mi deseo de habitar en el paraíso. Muy seguramente ese paraíso del génesis bíblico del que expulsaron a Adán y Eva. Es así como me doy cuenta de que los temas de religión y género no habían sido importantes porque sencillamente no necesitaba aprenderlos. Estos ya hacían parte de todas mis células y muy seguramente me han brindado experiencias similares a millones de personas y especialmente mujeres, provenientes de un hogar marcadamente patriarcal, católico y moral. Así mismo descubro el tema de las discriminaciones enraizado en los conceptos circundantes de belleza, consumo, moda, moral v/s inmoral, bien, bondad, justicia y no sé qué cosas más.

Es así como en un tema aparentemente intrascendental siento la revelación de “lo que soy” como un híbrido en el que no estoy segura de saber que creo, que siento, que pienso, que me gusta y que me pertenece. Es como si la búsqueda de esa identidad propia menguara y se confundiera con el simple ejercicio de respirar. No sé si para mi desazón o esperanza tengo la certeza de que el asunto no concluye ahí y que la presencia de aquellos habitantes ocultos en mí corporalidad me ponen la tarea de acechar en su búsqueda.

No hay certeza de que pueda seguir el rastro u obtener resultados visibles a mis ojos. Sólo presiento que la aventura en búsqueda de conciencia propia debe iniciar.

julio 31, 2008

Siempre para vos



Al más cálido de los Espíritus.
A aquel que nunca me cuestionó o limitó,
A aquel que compartió conmigo su sentido del espacio y del tiempo mágicos;
Al más maravilloso maestro,
A la profundidad de sus palabras; a la inmensidad de su memoria...

Su recuerdo yace siempre como la parte más hermosa y sublime de mi.

mayo 12, 2008

El tiempo y su marcha

El tiempo es una red extraña que nos atrapa y nos hace perder la noción...

Olvidamos seguido que somos parte del cosmos, que algún día volveremos a nuestro origen y nos fundiremos en uno sólo.

Dan nostalgia los recuerdos e instantes compartidos. Las historias vividas contadas en diferentes y coloridas versiones... Es así como vivimos del apego, de los cálidos espacios de encuentro y luminosidad. Tal vez como lo dijese un amigo "los seres humanos somos como la pintura, un compendio de luces y sombras, manchas y colores… algo que nos emociona en diferente grado".

Todos somos parte de la misma obra, somos parte de la misma fuerza y tarde o temprano nos volveremos a encontrar.

Viejo "Augus", gracias por todo y mil saluditos a “A”

mayo 07, 2008

Lo esencial es invisible a los ojos

Es muy simple dijo el zorro "sólo se ve bien con el corazón... Lo esencial es invisible a los ojos" - Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.

El Principito - Antoine de Saint Exupéry



Me encontré con el principito por primera vez a mis escasos diez años y aunque antes ya había oído hablar de él, no podía imaginar lo que para mi representaría.

(... algunos años antes) Recuerdo que estaba por nacer mi hermanita menor cuando mi mamá me enseñó a leer. Meses antes de que yo cumpliera cinco años. Desde ese momento la vida tomó un significado distinto y leía cuanto texto me encontraba. En el pueblito en el filo de montaña, en que yo vivía, no había educación preescolar y en la escuela no me recibían en el grado primero hasta que cumpliera mínimo seis años, dado que el promedio de iniciación escolar estaba en los siete años. Así que significó una largo tiempo de espera el hecho de enrolarme en el mundo estudiantil.

Durante ese tiempo mi mamá se dedicó a perfeccionar mi lectura, escritura y operaciones básicas matemáticas, por lo cual, cuando ingresé a la escuela tenia amplios conocimientos, leía muy rápido y de corrido, cosa que sin exagerar, parecía un heroísmo para mis compañeritos de clase, ya que la mayoría eran mayores que yo dos ó tres años, y algunos hasta estaban repitiendo el primero de primaria.

Pasaron cerca de tres años de los que algún día contaré, luego de los cuales mi familia se trasladó a otro lugar, una ciudad mucho más grande que el pueblito. Allí conocí a una niña que tenía mi mismo nombre y nos hicimos amigas. Jugábamos a ser heroínas de cuentos de hadas, cantantes de rock, detectives, médicas, profesoras, inventoras... y un día, ella me prestó un libro muy bonito que le habían regalado en su cumpleaños “El Principito”.

A mi papá le molestaba que leyera "tanto" y yo, para evitar reproches trataba de ocultar los textos entre mis cuadernos, me encerraba en el baño, fingía dormir, o me escondía en cualquier sitio de la casa; por lo que la mayoría de veces, desde la clandestinidad, yo leía historietas, comics, apasionadas novelas de amor, historias policíacas, cuentos de ficción, de terror, metafísica y no sé que más cosas; y en general, casi todo lo que estuviera a mi alcance. Quizás un motivo de molestia de mi papá frente a mi lectura, era que yo prefería leer por encima de alistar las tareas, comer a horas, hacer los mandados de la tienda, dormir, y siempre estaba como en otro planeta… Resultado de lo anterior, mi lectura quedaba restringida a los fines de semana y todo lo que quisiese leer debería ser aprobado por mi papá.

Cuando mi amiguita me prestó aquel libro, yo para evitarme el someterlo a aprobación y tener que esperar hasta el fin de semana, preferí ocultarlo y leerlo a escondidas. Sin embargo el relato de aquel niño de rizos dorados que aterrizó en el desierto, lejos de su planeta y de su rosa; y que hizo por amigo a un zorro; que amaba los atardeceres y que reía como una fuente de agua! me devastó y lloré, lloré y lloré. Aquel libro fue leído muchas veces en el transcurso de una semana y yo me veía con mis ojos enrojecidos y llorosos todo el tiempo. Mi papá se dio cuenta de que algo me pasaba y al no contestarle de que se trataba, quitó de mi mano mi cuaderno de estudios y mi escondido secreto cayó al suelo; ante lo cual se enojó y en un reprochable y arrebatado enfado, cogió el libro y lo rasgó en pedazos.

Lloré inconsolablemente aún más por el pobre principito, ya no por su historia, sino por su desencuadernada y rasgada "humanidad". Intenté unir los pedazos pero el aspecto final, me causaba una tristeza mayor aún… Lo que pasó después con mi amiguita, con su libro, la reconciliación con mi papá y mis lecturas posteriores, no considero de trascendencia en este relato, pero sí y mucha, el hecho de que tiempo después mi papá llegó de la calle con el mismo libro en su mano.

Pasaron 9 años más, en cuyo traspasar leí algunas veces el libro y otras en que lo dejé de lado, hasta que un día conocí al mejor amigo de todos: un principito adulto perteneciente a otro planeta, con una mezcla de piloto aterrizado en el desierto, de zorro libre y melancólico, que parecía tener en su amor la mirada de una rosa.

Por razones académicas nos hicimos muy buenos amigos y en un lapso cercano a los cuatro años hablamos de muchos temas, entre otros “del principito”. Yo en ese momento tenía como muchos jóvenes prejuicios de lo “centrados” que suelen ser los adultos, y él, una persona grande, un jefe de oficina, un dedicado profesor universitario, un amoroso esposo y padre de familia, un talentoso escritor, un cálido filósofo; decía, que este era el libro más profundo y bello del mundo, y que debía ser leído todas las veces, en todas las etapas de la vida, y fue así como un día juntos pactamos retomar la lectura del libro. Aquí yo pude ver que él, de manera diáfana y espontánea, lloraba con sentimiento por la basta e insondable melancolía que sentía nuestro principito.

Fueron muchas veces que paseando por la ciudad y sus alrededores, en compañía de la lluvia, del sol, de un café, un cigarro, un bombón o una chocolatina, quizás descalzos sintiendo la tierra o el agua, lloramos juntos por nuestro pequeño héroe. Recuerdo especialmente una tarde en la que lo acompañaba en su auto a recoger una cámara de vídeo. Atravesamos una carretera en construcción que dejaba ver una panorámica de la ciudad y al volver, el sol estaba de frente, eran alrededor de las 5:00 p.m., y la luz que emanaba era de un dorado tibio, cálido, casi mágico. Detuvo su auto, descendió de él y se quedó en silencio unos minutos. Me instó a bajar y admirar el paisaje. El viento era fresco y reconfortante. Me dijo: “Parrita, ves que bonito regalo nos ha dado en esta tarde el universo…? (siguió un silencio) ¿vos qué pensás…?”

Sucedió un largo espacio de charla sentados en un barranco a la orilla del camino, viendo como la luz del sol entraba por entre las nubes y así mismo se desplazaba; viendo la ciudad tornarse gris por la noche que se acercaba. Vimos la primera estrella en un cielo aún azul claro e intenso, vimos las nubes con acuarelas naranjas, rosas y grises; vimos la vida que fluía en la ciudad y que se manifestaba en luces y sonidos. Hablamos de esta ciudad y de otras, de cómo podría hacer mi proyecto de pregrado en la universidad, de películas, de las cosas que nos gustaban, de la vida, de extraterrestres (él disfrutaba haciéndome creer que era uno) y ... “del Principito”. Ese día me dijo que pronto se trasladaría a un trabajo en otra ciudad y que se radicaría allí con su familia, que había vivido en esta ciudad por más de ocho años y que se daba cuenta con alegría de lo mucho que la quería, de lo linda que le parecía con sus Ocobos rosados, amarillos y blancos; así como sus Cambulos y Gualandayes florecidos casí todo el año, y que le agradecía a esta ciudad que siempre le había permitido verla con ojos de visitante, es decir, con ojos de asombro.

Hablamos entonces del sentido de pertenencia y del hecho de no pertenecer a ningún territorio. Me dijo que muchas veces no hacemos nada por nuestro espacio, por nuestros vecinos y por nuestra ciudad porque nos cansamos y hastiamos de ello; porque empezamos a sentirnos atados. Expresó reiteradamente sus sentimientos de gratitud y su alegría por marcharse a otro lugar… Había oscurecido, por lo que subimos al auto y nos encaminamos a nuestros respectivos destinos.

Ese día redescubrí el principito que estaba a mi lado: un ser cercano a los 40 años, con mechones cortos, medio lisos, rebeldes y de tonos caobas, rojos y anaranjados. Recordé esa visión del inicio cuando nos hicimos amigos y yo tuve la vaga idea de hallarme en frente de un principito adulto, mezcla de piloto aterrizado en el desierto, de zorro libre y melancólico, que respiraba un profundo amor por su rosa. No hubo en mi lugar a dudas, y lo comprobé aún más, cuando meses más tarde con la ayuda de una serpiente (destino) emprendió el viaje de vuelta a su propio planeta. Un viaje de vuelta sin retorno en el que llevó junto a él su rosa.

Yo, en esta dulce ausencia, muchos años después de su partida, me he descubierto como aquel domesticado amigo zorro…

Este texto está dedicado a ti, inolvidable y entrañable amigo "A",
Donde quiera que estés…

Entonces apareció el zorro...

-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.

-Estoy aquí, bajo el manzano -dijo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!

-Soy un zorro -
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -. ¿Qué significa "domesticar"?
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear vínculos... "

Verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...

… De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:

-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
-Ciertamente -dijo el zorro.
- Y vas a llorar!, - No ganas nada. Dijo él principito.
-Gano -dijo el zorro- he ganado... Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo: No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Y volvió con el zorro:

-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. Pero antes te diré mi secreto (...)
y luego de un rato más de conversación el principito partió…. Ver texto completo de El Principito

abril 13, 2008

Más allá de lo evidente

Thunder! Thunder! Thunder! THUNDERCATS! HO!"

Crecí con los Thundercats, con Leono, con Cheetara, Tigro, Bengalí, Pantro, Snarf y en especial, con el anhelo y la certeza de poder tener algún día la Espada de Thundera para exclamar como Leono, el líder de los Felinos Cósmicos, “ESPADA DEL AUGURIO, QUIERO VER MÁS ALLÁ DE LO EVIDENTE”, segura de que cuando fuera grande, todos los misterios del mundo estarían develados para mí.

Sin quererlo lo olvidé durante muchos años, no a los Thundercants pero si al deseo de tener la maravillosa Espada del Augurio, y el tema salió a flote en una clase de mi maestría en el preciso momento, que refiriéndose a las obras de ciertos grandes pensadores, una de las profesoras decía: “hay que develar lo que está escrito entre líneas, hay que sospechar de lo que dicen los autores, por qué lo dicen, cómo lo dijeron, desde dónde lo dijeron, etc… Hay que ver más allá de lo evidente”. Para mí en esta última frase el mundo se detuvo un instante y por arte de magia, viaje a mi niñez para redescubrir a mis héroes y la tan anhelada Espada del Augurio.

Me pareció profético el hecho de recordarlo y olvidando por segundos el escenario donde me encontraba, sin ningún reparo exclamé con voz alta y entusiasmada “Necesitamos la Espada del Augurio”, la profesora y mis compañeros me miraron con desparpajo como queriendo decir ¿qué le pasa, de qué está hablando?

Viendo a casi todos con el entrecejo algo fruncido, me sentí en la obligación de explicar mi arrebato “¿No conocen la Espada del Augurio? ¿Alguna vez se vieron los Thundercats?” a lo que algunos por grandes (mayores a 40) y otros por chiquitos (25 años) dijeron desconocer.

Dada la situación y ya entrada en el tema les conté los detalles de cómo yo moría por los Thundercats a mis 8 años y de qué manera contundente, había sido para mí la develación entre el bien y el mal (el mal gracias a Mumm-Ra, el inmortal), de cómo descubrí la existencia de la maravillosa Espada del Augurio y del ojo de Thundera (fuente de poder de la espada).

En dicha conversación, salió además a relucir mi mamá, dado que junto con mi querida Espada, recordé como ella se preocupaba porque yo prefería ver “muñequitos” a tener que hacer las tareas. En tono de regaño decía: “Siga… siga pegada a los muñequitos y verá que no va a llegar a ninguna parte… Eso le va a decir a los profesores cuando le pregunten por las tareas, que no las hizo por esta pegada al televisor toda la tarde...”

Lo que aumentó mi sorpresa con la irrupción de la Espada en mi clase, luego de más de 20 años de haber soñado con tenerla, fue el hecho adicional de reconocer que por alguna extraña razón (o intuición, aunque no signifiquen lo mismo), mi mamá sabía (o suponía) que dado que no terminaba las tareas, debería ser conocido por los profesores el motivo, razón o circunstancia... y así tendría que ser, muchos años después…

No sé si fue el hecho de conocer más allá de lo evidente, gracias a la Espada, o la preocupación de mi mamá, pero la cuestión fue que finalmente la profe, pese a la rigurosidad académica del tema que estábamos trabajando, dijo que le parecía una bella historia y que debería escribirla en algún lado… Los compañeros rieron y dijeron algo así como: “póngase pues seria y póngale fundamento a la clase”.

Lo peculiar del caso y que no se esperaría mi mamá, es que después de tanto tiempo, yo ande nuevamente entusiasmada con la Espada del Augurio de los Thundercats, con deseos de volver a ver la serie, y que alentada por la mención de mi profesora de escribir el asunto, yo, ni corta ni perezosa, este fin de semana estoy aquí escribiendo esta nota en vez de preparar el ensayo y la exposición que tengo para el martes y jueves de la semana que viene, sobre Nietzsche, Marx y Foucault.

Ojalá que la Espada del Augurio sea mi fuente de poder… porque sinó, como decía mi mamá, no voy a llegar ningún lado…

Agradecimientos:

A la profesora de la clase de Epistemología de las Ciencias Sociales

A Julián, por recordarme escribir sobre los Thundercats mientras chateábamos….


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abril 12, 2008

El comienzo...

Después de anhelarlo y pensarlo mucho, por fin me he decidido a abrir un espacio para escribir parte de mi historia, de mi tiempo y de los que me rodean, para recordarla, para no olvidarla.

Como si descubriese la rueda, me doy cuenta que escribir demanda mucho esfuerzo, mucho coraje, mucho amor, mucho compromiso y en general, mucho de todo... escribir genera inquietud y con esa inquietud nace el temor de no encontrar nada que contar y sin embargo nace también, la idea de que vale la pena.

Contar lo que se vive y se siente es hacerlo más fuerte, es dejarlo vivo en la memoria de alguien más, es vivir y revivir al mismo tiempo. Como si fuese un trabalenguas o una frase sin fin: vivir, es estar lleno de recuerdos vivos e intensamente vividos y compartidos.

Ahora me surge entonces la necesidad de recuperar el tiempo, de volver al pasado, de traer esas vivencias y de atraparlas antes de que escapen para siempre.

Me gusta la idea de ir y venir en el tiempo, no sé si lo logre, pero siento que estimula mi pensamiento de una forma tal, que hace que descubra y vea las cosas como nunca antes las había visto.

Quisiera hacerme la promesa de cuidar y mantener este espacio como si fuese mi vida misma, pero al mismo tiempo, quiero dejarlo como un sitio desprevenido con el que resulte muy grato encontrarse y descubrir un buen amigo para contar una nueva historia, o para escuchar esa que uno ha contado ya y que aparece desde las cenizas con otra perspectiva y desde otro lugar en el tiempo.

No tengo claro algo que pueda contar, pero me entusiasma enormemente la incertidumbre de como se desarrolle este blog y de qué manera surjan en mi las palabras para describir un acontecimiento x.

Como en una profecía, nos encontraremos en un relato algunos días después...